jueves, 22 de agosto de 2013

Las PASO, los trabajadores y la clase media



Carlos Marín

Es indudable que en un importante sector de la sociedad las PASO han dejado un sabor amargo, pero ese sabor no tiene que ver con lo numérico, específicamente, sino con la instalación de candidatos que representan políticas muy lejanas a los intereses de los trabajadores.

En Provincia de Buenos Aires el candidato Sergio Massa fue el más votado, cuyo programa esencial pasa por volver al endeudamiento externo, lo que implica recorte de inversiones y gastos y por ende el fin de una política expansiva. Ello estaría implicando una retracción de los salarios y un enfriamiento de la economía. 

Es cierto, con un plan de este tipo se achicaría –hasta uno podría arriesgar, sin modificación del actual esquema impositivo– el universo de trabajadores que aportarían a ganancias, no ya producto de una reforma progresiva del sistema tributario, sino por la paulatina pauperización de los salarios, puesto que políticas como las expuestas por Sergio Massa por ante los empresarios llevarían a ello, como ya se ha experimentado y como se experimenta, actualmente, en Europa. 

La retracción del mercado interno, tendría como consecuencia mayor desempleo y destrucción de una incipiente política de sustitución de importaciones que daría paso, cual circulo vicioso, a mayor destrucción de puestos de trabajo. Es cierto, también de esta forma habría muchos trabajadores que dejarían de pagar ganancias. 

Salvo el Frente para la Victoria y el Frente de Izquierda de los Trabajadores en provincia de Buenos Aires, ninguno de los otros candidatos, ya sea del Frente Progresista Cívico y Social; Unidos por la Libertad y el Trabajo; Unión con Fe y siguen las firmas, salió a criticar al hoy candidato a primer diputado por el Frente Renovador por su programa expuesto ante los empresarios, las críticas ha sido más bien formales o para ver quién es más antikirchnerista. 
Ello implica que en octubre los trabajadores no tienen muchas opciones al ejercer su voto si quieren cuidar lo recuperado hasta ahora, así como los nuevos derechos y conquistas.


El auge y sana costumbre que significa la negociación colectiva de condiciones de trabajo y condiciones salariales sería, prácticamente y paulatinamente, una quimera si las ideas que se pretenden instalar –consciente o inconscientemente- en el candelero son las que desfilaron en nuestro país con, matices más o matices menos, en la década del ´90 y que terminaron devastando a la clase trabajadora y a la mal denominada clase media. Una mayor profundidad en esa dirección existe si tomamos como punto de referencia a Córdoba. 

“Las comparaciones son odiosas”, diría mi abuela, pero mirar los años sesenta e historiar el Cordobazo a ver el resultado de las PASO, donde la derecha más “ecuánime” la encarna De La Sota y que en su conjunto –toda la derecha- ha captado más del 70 % del electorado impone más que una reflexión. Con diferencias ello se replica en provincias importantes como Santa Fe y Mendoza. 

La profundidad de los cambios ejercidos desde 1976 hasta 2003, son más que nada de formación cultural e ideológica que materiales, que obviamente también los hubo, pero muchos se han podido revertir, sin embargo hay una estructura de pensamiento que ha recalado en muchos de nuestros compatriotas y ha quedado latente. 

Esa pelea hay que seguir dándola, fundamentalmente, en la clase trabajadora, pero también en ese sector de la mal llamada clase media que, termina siendo autodestructiva en sus acciones políticas. 

Quien a veces pareciera no relacionar – por ejemplo – “el corralito” con el voto que emite, que no se “da cuenta” – o no quiere darse - que no es una clase en sí misma, sino que forma parte de la clase trabajadora. 
Los cambios que necesita un país para transformarse en una sociedad justa, las conquistas paulatinas y progresiva de los trabajadores implican un juego de correlación de fuerzas donde exista una amalgama que tenga clara las líneas generales del mapa que recorrer, no necesariamente de toda la ruta, pero sí de desvelar donde está el norte. 

Porque los consensos puede tenerse hacia adentro de un programa político o con aquellos cercanos a ese programa político, pero en la sociedad capitalista, si la idea es distribuir, la distribución implica tratar de agrandar la torta, pero también quitar “privilegios”, prebendas y acumulación excesiva de riqueza de las clases acomodadas, en ese punto el “consenso” es imposible. 

En ese punto si los trabajadores y parte de la mal llamada "clase media” no se aúnan tras un proyecto específico que importe esa utopía, que homogenice fuerza para que la correlación sea positivo en términos populares, es probable que a la hora de voto, la ecuación no se procese ”correctamente”, y el sufragio pueda resultar contradictorio con los propios intereses de clase. 

La pelea es ardua y estos últimos diez años han tenidos altos y bajos, la penetración cultural del “establishment” no está vencida, pero es un camino para deshacer, hasta que ello no ocurra, las contradicciones de nuestros compatriotas estarán latentes. Recalcando que esto no es una cuestión de iluminados, sino que el recorrido a una patria soñada donde los trabajadores sean el centro de la misma, contradice al capitalismo en su peor versión y genera resistencias y gatopardismos convincentes. 

Deberemos seguir trabajando.

Fuente: Télam

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